diario de un vallisoletano curioso
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sábado, 21 de abril de 2012

La casita escondida


Que la ciudad sigue siendo una caja china de la que salen otras cajas no me cabe duda. Cuando menos te lo esperas uno descubre aquello que o bien no sabía que existiera o bien que ya hubiera olvidado. De mis tiempos de facultad, ya lejanos, no recordaba esta casita. Y tengo dudas. ¿Se trata de un residuo secular, exhibiendo una flamante arquitectura castellana? ¿Es un edificio levantado en tiempos más recientes, emulando un caserón antiguo? ¿Se trataba de la vivienda de los guardeses de la Universidad?  

Ahí está. rompedora. Como una isla en medio de un océano feísta de edificios levantados por la zona de López Gómez y Universidad desde la década de los 60. Escondida, eso sí en el recinto de lo que ahora ha quedado como Facultad de Derecho, por la parte de la calle Doncellas. Un gusto admirar su estructura, los materiales, la disposición de los elementos de las fachadas. Surgen las preguntas, naturalmente. ¿Por qué tener cerrado un edificio que podría cumplir un uso? ¿Por qué tener secuestrado un caserón que merecería la pena ser visto desde el exterior? Preguntas tontas en tiempos de recortes económicos y de desprecio de criterios. Al menos, que siga preservándose.    







viernes, 30 de marzo de 2012

Vallisoletanos que dan la cara



Los monumentos pueden esperar. Porque no hay monumento mayor que los ciudadanos y sus vidas. Ayer plantaron cara a los problemas y a las perspectivas nada halagüeñas que se ciernen. Que se tenga en cuenta por parte de los gobernantes de aquí y de Bruselas para cambiar el rumbo es dudoso. Ciertos políticos se han distanciado de la sociedad. Pero la gente emite su voz y su palabra. No es necesario decir más. La imágenes ya hablan por sí mismas. La masiva presencia callejera, la espontaneidad de los estudiantes, la movilización sindical y el acompañamiento de miles de ciudadanos comunes refrendaron el deseo tan simple de que la llamada crisis no la paguen siempre los mismos. Los carteles que se leen ya dicen mucho. Estos son testimonios. Todos somos testigos. Que no se diga nunca que los vallisoletanos no plantan cara.


























martes, 27 de marzo de 2012

Ricote: el paso a uno de los corrales desaparecidos


Se conserva como calle Ricote, aunque también se le conoce por su nombre antiguo de Corral de Ricote, personaje del que no se sabe nada. En realidad es un largo pasadizo que desemboca en un portalón tras el que solo hay traseras de los edificios circundantes. Antiguamente este pasaje sería la entrada a un corral donde, según registra la placa moderna que hay en su entrada, tendrían situados sus talleres y/o sus puestos de venta los coleteros. Supongo que este oficio sería el que deja constancia el Diccionario de la RAE:

coleto1.(Del it. colletto). 1. m. Vestidura hecha de piel, por lo común de ante, con mangas o sin ellas, que cubre el cuerpo, ciñéndolo hasta la cintura.






La entrada a este pasadizo está abierto a cualquier viandante, si bien casi todo el mundo lo ignora. Se encuentra en la Plaza Mayor, prácticamente al comenzar la calle Pasión. Aunque los muros están encalados, hay restos de materiales de edificaciones antiguas, a base de ladrillo, madera y piedra en su base, como se decía en la entrada anterior. A mí me parece un resto a conservar, pues es representativo del tipo de construcciones que la ciudad ha tenido en siglos pasados. No es el único acceso a corrales, hay más en la acera de Ferrari y en la Plaza Mayor, si bien inaccesibles para el paseante.  










martes, 13 de marzo de 2012

Poesía en la calle



Francamente, la fachada del Penicilino es un poema. Para quienes lo hemos conocido de toda la vida, habitándolo otro público, transcurriendo otros tiempos, dándole a la cháchara con otros taberneros y siendo una tasca diferente, el Penicilino sigue siendo un lugar doblemente entrañable. Pero no se trata hoy de hablar de él, sino traer aquí un poema de su pizarra. Sé que la pizarra poética del Penicilino reclama por sí sola. Esto es lo que algunos denominan pequeñas intervenciones urbanas. Yo diría: cuando todo lo pequeño es hermoso. Porque frente al derroche ostentoso que se ha practicado y se practica con dinero público, por aquello de la imagen aparente de la ciudad para pescar turismo, se pueden hacer iniciativas menores pero dotadas de sensibilidad y belleza. Tal vez sin coste o con mínimo gasto.Y directamente ejecutada por la mano ciudadana. Que, al final, lo que gusta y sorprende a los visitantes son estas pequeñas cosas.



domingo, 26 de febrero de 2012

El patio decimonónico de la Fundación Segundo y Santiago Montes



Este tramo de la calle Núñez de Arce te traslada de inmediato al siglo XIX. Y sobre todo los dos edificios con patio (uno de ellos donde nació el poeta y político liberal Gaspar Núñez de Arce)  El resto de edificaciones del entorno armonizan la calle, peatonalizada, lo cual se agradece teniendo en cuenta que se halla ubicada en pleno centro. Incluso la construcción de dos hotelitos recientes, manteniendo la tipología de los edificios, es un acierto. En una de las dos casas con patio se encuentra la sede de la Fundación Segundo y Santiago Montes, que toma el nombre de los dos hermanos vallisoletanos que dedicaron su vida a la ayuda en El Salvador. Segundo fue uno de los asesinados en 1989 por un comando de la Fuerza Armada de El Salvador junto con otras siete personas, entre ellas Ellacuría y el vallisoletano Martín Baró, por estar en el punto de mira debido a su trabajo de denuncia de las injusticias y de la barbarie del gobierno. En el local de la Fundación, además de estar la sede que promueve labores de desarrollo en el país centroamericano, se llevan a cabo exposiciones y conferencias de carácter cultural diverso.

Hasta abril del año 2011, en que falleció, Catalina Montes dirigió la Fundación. De momento, María Calleja, que aparece en una de estas fotografías, viene haciéndose cargo de la parte técnica de las exposiciones y charlas. Ni que decir tiene que el jardín es un oasis, un recuerdo latente de lo que tuvo que haber en nuestra ciudad en tiempos pasados, poblado de árboles de distintas especies y de varias esculturas donadas. Pero de éstas hablaremos otro día.

Para quien desee conocer más:  








miércoles, 22 de febrero de 2012

Manolo Sierra entre sonidos y silencios



En estos tiempos de cartelismo insípido o cartelismo de lujo (tipo el que anuncia conciertos de la Junta, con su acostumbrado despliegue que copa las paredes) da gusto encontrarse la marca Manolo Sierra por la calle. Su estilo inconfundible, que otros verán como recurrente, te deja clavado por unos instantes. He aquí cómo los viejos elementos iconográficos de las palomas de la paz de Manolo se alían en direcciones opuestas para arropar el instrumento popular por excelencia de la tierra. Los colores dicen lo demás. Y la dulzaina se vuelve más musical y reivindica en este caso uno de los temas malditos y tabúes de la historia española. Un acto para mañana jueves, mitad mesa redonda (Aula Mergelina de la Facultad de Derecho), mitad audición (Café Teatro), tal como indica el cartel.


martes, 21 de febrero de 2012

De secano



Como es Carnaval, lo primero que piensa uno es que el lago y el río del Campo Grande se han disfrazado de secano. Y de algún modo es un disfraz lo que se han puesto, porque el proceso de limpia y drenaje persigue un fin jovial y renaciente. Que las aguas corran dentro de un tiempo de manera más limpia. De momento, el fondo aparece de lodo, hojarasca y alguna otra clase de detritus. Pero bienvenida la limpieza para que la oxigenación vuelva de pleno. Los patos, ocas y cisnes, campeadores ellos, gozan del hábitat aunque extrañen sus desplazamientos habituales. Da un poco de lástima ver de esa guisa el cauce, pero será pasajero. Seguro que en unos días, las especies habituales y los paseantes agradecen la recuperación.