Está claro que materia y energía son formas diferentes de la misma cosa. El abuelo Alberto se deja tomar el pelo, bueno, mejor dicho, la nariz, por el escurridizo Álex. Pillados en el exterior del Museo de la Ciencia, no necesitan hablarse para demostrarse mutuamente que la teoría funciona.
diario de un vallisoletano curioso
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miércoles, 18 de mayo de 2011
E = mc2
Está claro que materia y energía son formas diferentes de la misma cosa. El abuelo Alberto se deja tomar el pelo, bueno, mejor dicho, la nariz, por el escurridizo Álex. Pillados en el exterior del Museo de la Ciencia, no necesitan hablarse para demostrarse mutuamente que la teoría funciona.
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miércoles, 13 de octubre de 2010
La maleta que nos trae la belleza de Utamaro
No es frecuente ver en Valladolid una exposición de ukiyo-e, un género de pintura japonesa cuya influencia colea todavía. No en vano los mangas que arrasan en el mercado de los tebeos se inspiran en ellos aunque, a mi modo, nada que ver, obviamente. Y ya desde finales del siglo XIX y en los primeros tiempos del XX, fue una inspiración para los artistas europeos que no han acabado aún de descubrir la fuerza y la sugerencia de la pintura japonesa. Y sin embargo, podemos apreciar durante este mes una serie de grabados en la galería de arte La Maleta, sita en la calle Norte, entre Gabilondo y Toreros. Ukiyo-e quiere decir literalmente pintura del mundo flotante. Y las imágenes se ejecutaban a través de la técnica de la xilografía. Esta técnica ya venía existiendo desde la segunda mitad del siglo XVII y se dedicaba fundamentalmente a la ilustración de libros, calendarios, abanicos, estampas.

La colección con la que podemos maravillarnos aquí se compone de una veintena de obras de uno de los más exquisitos creadores, Kitagawa Utamaro, que vivió en la segunda mitad del siglo XVIII. Admiro el gusto y la decisión de Mariano Olcese, el propietario de la galería, trayendo expresamente esta serie desde Japón. Salvo tres grabados con tema vegetal y otro de los espíritus o demonios de la mitología japonesa Yama-uba y Kintaró, el resto son imágenes de mujeres cortesanas o prostitutas de la ciudad de Edo. Uno se queda pasmado ante los trazos y perfiles de sus caras, manos, piernas o el perímetro del cuerpo en general, que resultan extremadamente finos, casi insinuantes. Las ropas y el pelo tienen un tratamiento más detallado, y los colores de los vestidos y los tipos de peinado ponen el grueso en los volúmenes. Y sin embargo son volúmenes que no tienen densidad alguna. Hasta qué punto esas líneas finísimas que crean los contornos, se alían con los colores, con los detalles más insignificantes o con el atuendo de los cabellos para armonizar todo el conjunto de la figura. Pero no queda ahí. Cada pose de mujer, cada postura de un brazo o posición de un rostro transmite una sensación de levedad que probablemente oculte la parte oscura de los personajes, pero que a la vez los sitúa y los relaja.
La calidad técnica de Utamaro es deslumbrante. ¿Se podría decir que capta las realidades y las adapta en una suerte de sublimación? Puede ser. Si su técnica detallada y a la vez leve está motivada por un pulso al espacio, eso explicaría la dirección y la flexibilidad que toman sus trazos. Sin embargo, él ejecuta estos de manera delicada y sutil. No puedes evitar quedarte pegado a la imagen de cada mujer. Ninguna de ellas tiene la actitud de una pose para el espectador, sino que se deja mirar en una actividad, en un gesto o en la pérdida por un pensamiento. Mujeres que se miran al espejo, que fuman, que se acicalan, que se recogen el kimono, que se enjugan los párpados, que leen una carta, que escriben, que se colocan el complejo peinado, que hablan con otras mujeres, que permanecen abstraídas o dirimiendo sobre un último encuentro. Ciertamente que la tradición pictórica occidental no nos tiene acostumbrados a observar lo aparentemente imperceptible, lo aparentemente ligero. Pero si el espectador que ve por vez primera un ukiyo-e supera la aparente, falsa e ignorante visión de creer que todas las estampas son prácticamente lo mismo, te dejarás atrapar. Detrás de las mujeres de Utamaro hay mucha vida y más significado del que parece.lunes, 11 de octubre de 2010
Los que perdieron la cabeza

¿Por qué será que me desasosiega ver estatuas sin cabeza? Y mira que las hay. ¿Será por esa sensación de que si no ves el rostro es como si no ves al hombre? Porque por mucho que la iconografía se empeñe en colocar en una hornacina al santo, al evangelista o a una de las personas del dios, lo cierto es que los rostros son humanos siempre. Y definen el cuerpo. Y por lo tanto la personalidad y el ser.
Por otra parte, cuando me encuentro con esculturas acéfalas me pregunto por las causas. De pronto imagino de todo. Incuria del tiempo, desgaste del clima, la mano física de los iconoclastas, una invasión guerrera, los bárbaros de dentro, el gamberrismo de los próximos, el latrocinio de alguien que va corriendo a vender al anticuario, una deficiente o mala restauración…En el caso de estas imágenes de la fachada de San Pablo, puede pasar de todo. Cierto que estuvieron las tropas napoleónicas -creo que tuvieron cuartel general en Valladolid- pero lo fácil es echarles la culpa. Eran los invasores y además laicos, luego la justificación parece servida. Pero no para mí. Si uno no supiera de cómo se han vendido rejas, esculturas, fachadas, claustros y hasta iglesias enteras de Castilla a coleccionistas de otros países, la ingenuidad lo explicaría todo. Incluso en época del ínclito caudillo que dominó en España durante cuarenta años se sacaron, legalmente y en connivencia con autoridades civiles o eclesiásticas, obras de arte de nuestro país.
En fin, que el caso que fotografío no es único. De hecho, uno de mis pasatiempos favoritos cuando me planto ante un monumento rico en expresión escultórica es comprobar y comparar cuánto está entero, cuánto demediado, cuánto troceado, cuánto inconcluso. No, no me agrada. Pero nada se puede hacer contra el pasado. Sí se puede hacer por consolidar lo que hemos heredado, y en este sentido la obra de recuperación de la fachada riquísima de San Pablo parece buena. El tiempo hablará. Por cierto, ¿se han dado cuenta de que de las cuatro imágenes, tres pertenecen a mujeres, supongo que santas, vírgenes o advocaciones variadas, pero mujeres? ¿Por qué será que precisamente les falte la testa a ellas?
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miércoles, 18 de agosto de 2010
Y la Parca pasó por allí...
No puedo por menos que preguntarme sobre las intenciones de colocar esta alegoría de las calaveras y las tibias, en un apéndice de la fachada. Su ubicación tiene mucho de mensaje y aviso del punto final. Es como si los artistas que decoraron la compleja fachada hubieran dicho: y después de tanta pompa y circunstancia, ¿qué queda? No iban descaminados. Los personajes relacionados con la obra original -reyes, cardenales, nobles, artífices- desaparecieron. Las piedras han tenido mejor suerte. Me gustan estos nimios detalles que recuerdan lo menos nimio de todo.
domingo, 8 de agosto de 2010
Una caja de galletas
Siempre me entusiasmaron las cajas de galletas. Me refiero a las de hojalata de antes. Esos recipientes paralelepípedos que, una vez vaciados de su contenido primigenio, se convertían en pequeños archivos de recuerdos. Antiguamente, y no hace tanto tiempo, cuando había menos de todo, cuando el consumo no era de usar y tirar enseguida, las cajas de galletas jugaban un papel fundamental en las casas. Por lo que veo no soy el único al que le gustan, ni el único que las utilizó para guardar canicas, cromos y pequeñas memorias.
Hace dos años los hijos del fotógrafo Agustí Centelles, cuando ya pensaban que disponían de todo el material fotográfico de su padre, se toparon con una caja de galletas que contenía los negativos de ochocientas fotografías. Mejor lugar no podía haber encontrado Centelles para su peculiar uso coleccionista o, mejor dicho, para ocultarlos con poderosas razones de seguridad. Centelles los preservó en ese pequeño contenedor común seguramente porque tenía sobradas razones para poner a salvo su trabajo fotográfico de antes y durante la guerra civil, y el de su internamiento en un campo francés al acabar ésta. De hecho, una parte de su obra ya había sido requisada por el gobierno franquista y otra confiada a un amigo durante décadas en la ciudad francesa de Carcasona.
Hoy podemos contemplar esta caja y una amplia muestra de fotografías en la Sala de Exposiciones Municipal de San Benito. Durante un tiempo su obra se vallisoletaniza. Y puedo asegurar que la acogida que está teniendo la exposición, y eso que es verano, es de primera.
miércoles, 21 de julio de 2010
Con setenta y pico años de retraso
lunes, 5 de julio de 2010
Paisanos
A veces te encuentras por la calle a gente que no sabes si camina sobre dos pies o sobre cuatro patas.
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Paisanos
También hay aquellos que se encuentran, charlan y miran para otro lado. Hablan a la vez, suben el tono como si la fuerza de su garganta tuviera la propiedad de la razón, y no se escuchan. Con ese estilo nunca convergerán.
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Paisanos
Algunos se sienten agraviados por la opinión del otro, sin darse cuenta de que dialogar no es imponerse. Se encontrarán mil veces y mil veces no escucharán, no se pondrán en otro lugar y no caerán del burro. Tal vez tendrían que nacer de nuevo, pero si lo hicieran tengo la impresión de que volverían a ser igual de zopencos.
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Paisanos
Ni que decir tiene que gritar no es comunicarse. Gritar es la expresión más primitiva de la impotencia. Los paisanos que se muestran así son tipos que se van cerrando a todo, y es probable que, principalmente, a sí mismos. Da igual que sean maridos, esposas, novias, hijos, obreros, políticos o empresarios. Esa caracterización cunde en todos los roles. Y cuando los roles se impregnan de ese desvarío todo se complica para entenderse.
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Paisanos
Que no se extrañe quien vea que se queda sólo porque no sabe estar con el otro ni con los demás. El juego a tres bandas -con uno mismo, con el otro y con todos los demás- no es sino cuestión de tiempos verbales que hay que conjugar alternadamente. Pero donde hay que poner más sintaxis que la de la gramática. Cesiones y concesiones. De lo contrario convivir es muy complicado.
jueves, 1 de julio de 2010
Escalas de la armonía
Pues bien, el Palacio de Villena, parte del Museo Nacional Colegio de San Gregorio, hoy día ha recuperado una belleza inusitada. Un tanto liviana, acaso, en el patio, aunque esa especie de recuperación de la luminosidad enaltece su forma. Aún recuerdo su antiguo y siniestro uso como sede del Gobierno Civil entre 1939 y la Democracia. Entrabas en un espacio lúgubre, donde el arte permanecía relegado e ignorado. No entrabas, por lo tanto, a contemplar un tiempo, una arquitectura y un arte (a quién se le iba a ocurrir) sino por algún motivo menos grato. Había grises (antigua policía gubernativa durante los cuarenta años tristes) por todas partes, y luego funcionarios aburridos de bigotito y aspecto severo.
Así que contemplar con libertad el patio es redescubrir la historia. La del momento en que se alzó el edificio. Buscas un ángulo y lo sigues y persigues desde lo menor a lo mayor, desde la base hasta la altura. Te recreas en la simetría de columnas que se erigen unas tras otras, o en paralelo. Te imaginas la palmera sosteniendo el edificio (no tanto como en San Baudelio de Berlanga, por supuesto, en absoluto) Mas buscas la sensación, la sugerencia, el placer de la ficción. ¿La tuya? Sí, también, pero sobre todo la de los ojos clínicos que diseñaron estas arcadas de orígenes italianos y renacentistas. Contemplad aquí, en lo virtual, y pasaros por el edificio. No están hechos los monumentos para el turista accidental, sino para los aborígenes que tenemos aún que mirar y aprender de ellos. Ése sería el mejor precio por lo que hemos heredado.
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jueves, 24 de junio de 2010
Una novela de Valladolid
-¿Qué es esto, señor alférez Campuzano? ¿Es posible que está vuesa merced en esta tierra? ¡Como quien soy que le hacía en Flandes, antes terciando allá la pica que arrastrando aquí la espada! ¿Qué color, qué flaqueza es ésa?
A lo cual respondió Campuzano:
-A lo si estoy en esta tierra o no, señor licenciado Peralta, el verme en ella le responde; a las demás preguntas no tengo qué decir, sino que salgo de aquel hospital de sudar catorce cargas de bubas que me echó a cuestas una mujer que escogí por mía, que non debiera.
-¿Luego casóse vuesa merced? -replicó Peralta.
-Sí, señor -respondió Campuzano.
-Sería por amores -dijo Peralta-, y tales casamientos traen consigo aparejada la ejecución del arrepentimiento.
-No sabré decir si fue por amores -respondió el alférez-, aunque sabré afirmar que fue por dolores, pues de mi casamiento, o cansamiento, saqué tantos en el cuerpo y en el alma, que los del cuerpo, para entretenerlos, me cuestan cuarenta sudores, y los del alma no hallo remedio para aliviarlos siquiera.”
(Miguel de Cervantes. "El casamiento engañoso". Novela corta que se desarrolla en Valladolid. En tiempos en que ya los modelos del pícaro y del estafador se encontraban arraigados, de lo que se deduce que no es un fenómeno reciente, por más que se hayan desarrollado estas males artes de las que tantos autóctonos viven. El Hospital de la Resurrección, la parte superior de cuya fachada se muestra en una de las fotografías, estaría frente al actual Campo Grande, en los terrenos donde ahora se alza la Casa Mantilla. Es decir, muy próximo a la casa donde habitaba el escritor. Desde hace tiempo se colocó esa fachada pegada a la medianería de un edificio más reciente, formando parte de los jardines de la Casa de Cervantes que dan tanto a la calle Rastro como a Miguel Iscar. La placa de la otra fotografía está colocada en el murete exterior de la Casa de Cervantes, en la calle Miguel Iscar, y sirve de recordatorio de la novela mencionada)
lunes, 21 de junio de 2010
No perderse a Delhy Tejero
Ahora no he querido perderme esta muestra que Caja España mantiene el la Sala del Calderón hasta dentro de una semana. Sin entrar en los diferentes estilos y visiones que Delhy Tejero prospectó, destaca su labor como ilustradora de cuentos, como pintora en lienzo y como muralista. ¿Autodidacta? Probablemente. Pero un autodidacta del siglo XX es alguien abierto a modas y estilos amplios. Nuestra pintora cultivó el simbolismo, el surrealismo, la abstracción geométrica. Es el color lo que más me ha fascinado, y cómo disuelve los colores en las formas. ¿O son primero éstas?
Ocasión única la de esta contemplación que me ha arrebatado. Mejor ir y que cada cual se quede con lo que más le guste. La visión se ofrece gratuitamente. De ello también nos nutrimos. Por cierto, el catálogo es muy barato y es espléndido.
La chica de la armónica
domingo, 20 de junio de 2010
...en un alto en el camino
Una viajera de la luz, de las formas con que la luz descompone los cuerpos y los objetos. Una viajera del tiempo de las representaciones. Una viajera de las visiones que cundían por el continente, de las que gustaba impregnarse. Difícil imaginarla en un alto en el camino de su actividad.
Tal vez una viajera...
Y tras una mano y unos útiles, hay una pintora. Tal vez esencialmente una viajera que, pertrechada de una mirada incisiva sobre el paisaje y las figuras que crecen en él, busca el motivo, la sustancia con que se expresa. En definitiva, la visión.
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