diario de un vallisoletano curioso

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Un cómic de Ginés


Ginés dibujó y editó al principio de verano su cómic titulado Donde dije Diego, como homenaje personal a Diego Lara (1946-1990), un diseñador pretecnológico, como él dice, excepcional. Y copio de las Notas de Ginés: "La trayectoria profesional de Diego Lara pasa por la editorial Nostromo, la revista Poesía o el periódico de la Galería Buades, entre otros hitos de la edición en nuestro país. Simultáneamente a su trabajo desarrolló una obra plástica proscrita, aunque fruto de los mismos cortes de tijera de los mismos golpes de vista. Esta actividad suya fuera del ámbito público demuestra una cuidada preocupación por la posteridad, una preocupación propia de la tradición de artistas escépticos que han tratado de esquivar las dificultades que plantea la palabra artista. No es casual que casi todo lo publicado sobre Diego Lara sea posterior a su muerte, como tampoco lo es que en oficio como el suyo (el de hacer libros), supuestamente discreto, apareciesen en aquellos años las primeras vedettes del diseño."


Y tampoco debe ser casual del todo el olvido en el que parece estar sumergido el mismo diseñador. Los textos que aparecen en Donde dije Diego pertenecen a fragmentos de lo que el Diego Lara escribió en agendas y cuadernos propios. El cómic está sumamente trabajado, a base de trazos negros y fondos emborronados, como si pretendiera resaltar un espacio que podríamos denominar tenebrismo urbano. Aquellas representaciones herederas del viejo cine americano, del cine policíaco y negro que tan bien retrataba la soledad y las zonas oscuras de los individuos. Al menos, a mí me recuerda esto. Por otra parte, a mi modo de ver, en este cómic de Ginés hay viñetas francamente magistrales. Aunque lo magistral probablemente no sea sino la dedicación, el esfuerzo, el dibujo meticuloso y calmo hasta dar con los significantes. Y Ginés, no me cabe duda, se lo tiene bien currado.













domingo, 6 de noviembre de 2011

Las chicas de los bordados




Ya llevan un año largo estables por nuestra ciudad. Carmen Bredy y Patricia Sthory, tras sus periplos oceánicos parece que han fijado sus reales en la calle Núñez de Arce. Allí, frente a un par de hoteles coquetos estilo siglo XIX (ese tramo de calle es un residuo del Valladolid romántico) abrieron Bordastampa, una pequeña tienda taller donde se lo curran, sorteando la marejada general. Como las fotos ilustran (es Patricia la que está delante de la puerta colocando sus maniquíes) llevan a cabo bordados a máquina sobre todo tipo de prendas y con cualquiera de los motivos que el cliente sugiera. Me hizo ilusión encontrármelas, después de tanto tiempo sin saber de ellas, con su alegre y bonita tienda. Y luchando contra los elementos y a la manera artesana, que acaso sea la más práctica y realista a la hora de capear el temporal. En pleno centro, a la vuelta del Farolito. Mis felicitaciones.













martes, 1 de noviembre de 2011

Pintadas sucias en la Fundación Jorge Guillén: vandalismo e ineptitud



Así ha aparecido el exterior de la Fundación Jorge Guillén, en el llamado Parque de las Norias. Es gamberrismo, se dice. ¿Qué hacer? No lo sé. ¿Cómo evitarlo? No lo sé. La conducta de los grafiteros de vía estrecha -absurda, indiscriminada, inútil- ¿remite al ambiente familiar, a la dudosa educación, a la ausencia de un código de valores siquiera constructivo? No lo sé. Bastante desagradable es que se perjudiquen con spray las fachadas de edificios donde vive la gente. Pero cuando ese desvarío tiene lugar sobre monumentos históricos, obras de arte o legados del pasado es más grave todavía. Los edificios históricos están plenos de simbolismo. No se les rescata de la incuria y del abandono para que se sumerjan en poco tiempo en esa fealdad latente. No hablemos ya de coste económico, asunto serio e importante en estos tiempos. Hablemos de lo poco que dicen ciertos conjuntos urbanísticos a una minoría de individuos cuyo alcance, al pintorrojear fachadas, no acierto a interpretar.

Rescatar un edificio o una serie de ellos, con ser importante, no acaba en adecentarlos. Hay que dotarlos de uso. Y ahí viene otro problema que, a mi modo de ver, no incumbre al gamberrismo juvenil o no juvenil, sino a la dudosa inteligencia, si no ineptitud, del organismo propietario y responsable del mantenimiento y conservación del Parque de las Norias. Cuando cedieron ese antiguo caserón para sede de la Fundación Jorge Guillén, me alegré. Como me he alegrado de que el edificio próximo también vaya a ser sede de otro ente. Pero, claro, ir haciendo este tipo de intervenciones poco a poco, sin perspectivas, en un lugar solitario y cuyo entorno es el Polígono de Argales y la Carretera de la Esperanza, con esa vía del ferrocarril que lo separa del núcleo más habitado, resulta altamente arrriesgado.

Las inversiones que en su día se hicieron por acondicionar los antiguos terrenos de la Azucarera Santa Victoria, con sus hermosos y representativos restos de arqueología industrial provenientes del siglo XIX, habrán servido de poco si no se contempla una recuperación y dotación de los edificios más o menos a la par. Al actual alcalde, hace más de cuatro años, le dio por agilizar esa recuperación de modo más formal que de contenidos, para apuntarse un tanto electoralista a mayores y exponerlo en el balance de realizaciones de su gestión anterior. De ahí, poco más ha pasado la recuperación de las Norias. Y de un abandono anterior en forma y fondo se ha metamorfoseado todo ese conjunto en un abandono que ha costado dinero y que parece bonito, pero que sigue prácticamente relegado. Digo parece porque, al paso que va la burra vandálica y el desinterés municipal, me temo que ese tipo de acciones no va a desaparecer y dado el marco físico poco concurrido en que se encuentra no cabe esperar otra cosa.

Por supuesto, insisto en la actitud absolutamente enajenada de los grafiteros que, con la alevosía y seguridad que les da un lugar apartado, acometen este tipo de fechorías. Pedirles que coparticipen del derecho a la ciudadanía y que respeten a los demás, sobre todo a lo que representa un bien colectivo, es pedirles acaso demasiado. Para mí que esto no se corta solamente con acciones punitivas. Hay comportamientos de marginalidad, aunque luegos sus familias respectivas actúen como colchón social y protector. En fin.







sábado, 29 de octubre de 2011

Inútil y sobrante



Sigo pensando que este tipo de objetos es inútil. Dudo de su efectividad informativa. Y temo tanto agobio pretendida pero falsamente informativo. Pero lo que más lamento es el espacio que ocupa. O que, mejor dicho, roba. Porque el espacio no es solo el suelo que pisamos. Es la perspectiva, el panorama visual y la armonía estética. El Ayuntamiento tiene que empezar a replantearse la disposición, calidad y fines del mobiliario urbano. Una parte del mismo es necesario, otro es perfectamente sobrante. El visitante va a visitar la ciudad con información previa. El paisano sabe enterarse de los acontecimientos de mil maneras. Falso concepto de la imagen de modernidad. La ciudad no debe situar los objetos que necesita por sus calles en función de los vendedores. Las calles y plazas parecen cada vez más un circuito de cacharros de dudosa utilidad que el peatón tiene que sortear. El cartelón electrónico está desafortunadamente situado en plena Plaza Mayor, ante la calle Lencería. Y de estos y semejantes, hay más. Empecemos a ser cuerdos, señores munícipes.


martes, 25 de octubre de 2011

SOS del paisaje



Lo cierto es que no sé qué nombre tienen las laderas de la fotografía. Está tomada desde la carretera de León, a la altura del tanatorio. Da la impresión de ser una zona todavía agreste y repoblada con vegetación. La sorpresa es el cartel. Se ruega ampliar la fotografía para leer: Las laderas del sol. Próxima construcción de viviendas. Y un teléfono de contacto. ¿Va de broma? ¿Todavía la avidez inmobiliaria persigue la destrucción del paisaje? Puede que el cartel y la intención estén ahí desde antes de la quiebra constructora. Pero acaso todavía lo intenten y el ayuntamiento lo permita.









domingo, 23 de octubre de 2011

La gente de cine que vimos ayer






Rituales de la ciudad. La Seminci y su ambiente callejero. Cinéfilos de casa y los que llegan de fuera. Se ha hablado de que este año trae recortes presupuestarios. Alguien explicará por dónde se ha metido mano o saltará a la vista. Cabe esperar que se hagan con cordura, porque en las pasadas Fiestas de la ciudad el recorte fue mínimo. Hasta el programa de fiestas que se metió en los buzones por mano municipal era un libro de lujo. Megalomanía de la clase política con mayoría municipal. Luego apretarán las tuercas en cosas más útiles y necesarias.

Y estrenado ya este festival de cine, vimos algunas caras que nos merecieron interés. Ahí dejamos las fotos. La que abre esta entrada es de un escaparate montado para la ocasión, de una tienda por la zona de la Catedral donde se venden motos. La peculair travestización tiene su punto.







Nanni Moretti cogiendo fuerzas, antes de la presentación de su última película Habemus papam, que inauguraba el certamen.









La actriz Sophie Aulster, hija de la escritora Siri Hustvedt y del escritor Paul Auster, también andaba de preparativos.







Rostros más cercanos. El director Montxo Armendáriz y el actor Luis Homar, confraternizando a pie de barra.





Un asiduo de la Seminci, el vallisoletano Rubén Alonso, director de la película Íntimos y extraños, estrenada hace dos años, y que ya había recibido el premio a su corto El invierno pasado en la 49 edición de la Seminci.




sábado, 10 de septiembre de 2011

Un museo de la experiencia al aire libre


Uno entiende muy poco de máquinas de taller. Y menos de las antiguas. Ni de fresadoras, ni de tornos, ni de prensas, ni de desbastadoras, ni de taladradoras, ni de perfiladoras. Etcétera. Uno ve los nombres por un lado y las máquinas por otro. Pero hay mucha gente de la ciudad que enseguida le pondría el rótulo perfecto a cada elemento. Viejos aprendices de RENFE o de FASA, mecánicos de la multitud de talleres que ha habido, exalumnos de Formación Profesional...Pero me alegro por lo menos de que algunas de esas máquinas obsoletas no hayan acabado en la chatarra. Y que estén ahí, en el jardín de la Escuela de Ingenieros Técnicos, posando su jubilación merecida como si se tratara de museo. Que lo es. Que son estatuas ahora, pero que fueron instrumento vivo en manos de expertos. Muestra de la técnica y de la experiencia.La idea de salvarlas y mantenerlas, con esa pátina verdosa, y a la intemperie fue extraordinaria. El buen acero puede con el clima vallisoletano sobradamente y más si se las da de vez en cuando una mano de pintura antióxido. En la Huerta del Rey, pilla casi enfrente de las pomposas Cortes de la Comunidad.














sábado, 3 de septiembre de 2011

Las meadas, al Libro Guinness

















Empezaron las Fiestas de la ciudad con una demostración puntera. No sé si dirigida a batir las marcas anteriores y figurar en el Libro Guiness. Ganaron los chicos por goleada, pero las chicas demostraron también que se van apuntando poco a poco sus buenos tantos. La capacidad para ocupar el espacio urbano por parte del personal no tuvo límites: portales, entradas a cocheras, paredes de la catedral, setos de la Plaza de la Universidad. En otros tiempos gestos así podían tener también lecturas críticas y de protesta anti sistema. Hoy es más simple. La física y la química se llevan bien y demuestran que esa maravilla llamada cuerpo humano funciona casi al cien por cien (comas etílicos aparte) Así que entre la tensión y la vergüenza controlada el personal se despachó a gusto por las calles. Alabado sea el organismo que hace por nosotros más de lo que nosotros hacemos por él. Ardo en deseos de que se confirme el primer puesto del Guiness en el récord de meadas alcanzado por las masas jóvenes vallisoletanas. Y si no es este año, seguro que será el próximo. No desanimarse. El futuro es vuestro.