diario de un vallisoletano curioso

miércoles, 2 de junio de 2010

Lejanos (y perdidos) oficios

hostiero, ra.
1. m. y f. Persona que hace hostias.

(Acepción de la Real Academia Española)


Pues en un país como el nuestro los oficios crecieron y se multiplicaron hasta extremos sorprendentes. No sé si crearían muchos o pocos puestos de trabajo (supongo que no todos los necesarios, puesto que la aventura, la emigración y el exilio estuvieron en muchas circunstancias de nuestra historia patria a la orden del día) o si todas las actividades estarían retribuidas (cuesta pensar que las instituciones patrimonialistas tradicionales pagaran siempre), pero generar un quehacer lo generaban. Al menos de vocablo, ya que es difícil saber si todos los artesanos vivían dignamente de su arte, o si incluso vivían trampeando. Además no todo arte es oficio, y viceversa.

Dicen que por el barrio de San Andrés había un vecino que fabricaba hostias. No sé en qué época ni para cuánta clientela ni si la industria era pujante. Tampoco sé si se dedicaría a algo más. Pero el rótulo me recuerda algo que, quizá no tenga que ver, pero que me llama la atención y el recuerdo. Hasta hace pocos años existió un taller en un patio de la calle Panaderos, frente a la calle Hostiero, donde se hacían obleas para helados. Los chicos solíamos ir a por recortes. Pero sospecho que el patronímico de la calle viene de más atrás.

Sé también que muchas de las hostias tradicionales donde se sintetizaban el cuerpo y la sangre de Cristo, según la simbología y el ritual de la Iglesia Católica, eran fabricadas en mi infancia por monjitas de diversos conventos. Ni siquiera Agapito y Revilla, el célebre cronista de la ciudad, precisa demasiado sobre este supuesto hostiero cuyo oficio no queda muy claro y su existencia tampoco. De lo que deduzco. 1. Que la existencia de un hostiero por la antigua calle de los Zurradores (hoy Panaderos) sea algo muy perdido en el tiempo. 2. Que se trate de un judío converso que, con esa dedicación, garantizaba su supervivencia física. Cosas más raras se han visto en la historia española. 3. Que todo sea una chufla.

De todos modos, soy receptivo a que alguien me aporte una información más precisa sobre el tema. Lo del hostiero siempre sonó tan fuerte como irónico. Pero podría haber sido.



3 comentarios:

  1. Yo recuerdo ese taller, unas cuantas veces fui allí a comprar obleas. Cuando entrabas, parecía que te teletransportabas al pueblo porque estaba en un patio interior del edificio. Lástima que ya no esté. Curiosa la Calle del hostiero, aunque no recuerdo haberla llamado así nunca, para mi es Hostieros, tampoco sé por qué.

    ResponderEliminar
  2. Veo que memoria no nos falta, Anaïs. Y que ricas las obleas de ese obrador, ¿eh?

    Un beso.

    ResponderEliminar